lunes, 6 de mayo de 2013


Entrevista realizada por Rodrigo Garay Trujillo y Ramiro Roldán.

Nueva de Fujian
Una nueva temática en el cine nacional
El film retrata a una china recién llegada a Argentina que comienza a trabajar en un supermercado y, por diversas razones, como el desprecio y la falta de respeto, ataca con una cuchilla a sus compañeros de trabajo. La directora Analía Orfila captó esta historia de un hecho real y la plasmó en la pantalla con los protagónicos de Eva Blanco e Ignacio Huang (“Un cuento chino”).
-¿Qué movilizó a que abarcaras esta temática en tu corto?
-Analía: Si bien convivimos con la inmigración china y sus supermercados, todavía no se abarcó culturalmente el tema desde el cine nacional. Es algo que debe contarse ahora y no esperar más. El guión lo tengo escrito hace cinco años y me pareció que ya era el momento para hacerlo porque no podía seguir dilatándolo. La historia está basada en un hecho real y quise abrir ese mundo sobre el cual todos los argentinos fantaseamos y no sabemos de qué se trata. Quería unir las dos culturas y entrar en ese mundo. Esta mujer llegó por su cuenta a trabajar acá por medio de un contacto, se volvió loca, atacó a sus compañeros de trabajo con una cuchilla y terminó en la comisaría sin que nadie, ni su novio ni la embajada de su país, se hiciera cargo de ella y volvió a quedar sola y varada en una nación extranjera. Hasta los policías querían sacársela de encima. Me pareció muy interesante ésta historia en particular. El romper con el pasado y tener un futuro incierto fue lo que me atrajo de este suceso. El resto del corto salió de mi imaginación para darle contexto a este hecho. Trato de entrar en la psique de esta persona y crear una identificación con el espectador, que sienta que esta persona tenía sentimientos, quería estar con alguien y tener una vida y estaba rodeada de gente que la pasaba por alto, que no la respetaba ni identificaba como persona. La protagonista tiene que adaptarse a un mundo que ya está creado. El personaje de Ignacio ya tiene una vida, sus amistades e historias.
-¿Qué esperabas obtener con tu cortometraje?
-Analía: Mi expectativa era estrenar en Buenos Aires y cumplir con mi equipo en ver la película en la pantalla grande. Haber entrado en competencia me halaga, pero mi objetivo era la exhibición, y eso ya está cumplido. Proyectarla en un cine comercial de Capital Federal tiene su mérito. No es lo mismo presentarla en Bafici que en You Tube o en el exterior donde ninguno de los que trabajó en el film puede viajar a verlo. Es un muy lindo poder ver de este modo el esfuerzo que hicimos durante tanto tiempo.
-¿Y cómo costearon la producción?
-Ignacio: Hay mucha producción independiente pero poco apoyo y sólo algunos premios. Hacer cine es caro. Analía pidió subsidio y no se lo otorgaron. Sin embargo, lo hizo igual con su propio capital, superó las necesidades y el corto llegó al Bafici. Eso es muy valioso, porque muchos, cuando les niegan el dinero, dejan atrás su sueño. En este caso insistió, confió ella misma y en su intuición y lo logró, lo cual es muy aplaudible. Si hay ganas de hacer las cosas, uno hace que sucedan. Mucha gente trabajó ad honorem.
-Analía: Sin el apoyo económico tus ideas quedan postergadas en el tiempo. Es cuestión de superar las barreras y llevarlo adelante. Fue un corto muy difícil de realizar.
-¿Qué fue lo más difícil?
-Analía: Lo más complejo fue la locación, un supermercado. Conseguimos uno de los pocos con dueño argentino. Los chinos no confían de la gente que se puede meter al negocio. Estaba la posibilidad de que se ofendan con la historia, pero no pude ni contárselos. Temen que les roben.
-Ignacio: la comunidad china es muy cerrada y no entienden lo que un grupo de cineastas quieren hacer en su local. No abren sus puertas a este tipo de cosas porque tienen temor, son muy conservadores. Ese autismo que tienen hace que se cierren, eso es muy chino.
-¿Y cómo lograste conseguir a Ignacio, teniendo en cuenta que trabajó nada menos que con Ricardo Darín?
-Analía: Ignacio siempre está abierto a este tipo de producciones independientes y le gusta. Él siempre evalúa los guiones y que haya formado parte es muy valorable.
-Ignacio: haber hecho “Un cuento chino” me abrió muchas puertas en Argentina y me dio la posibilidad de poder elegir qué es lo que quiero. Empiezo, de alguna manera, a posicionarme como artista y tengo que tener un discurso como tal. Me gustó mucho su idea porque tiene que ver con mi entorno, mi origen y este mito urbano de lo oriental. Hay poca gente de acá que abre el corazón, la mente y la mirada a estos espacios, si bien están muy cerca nuestro diariamente. Es muy valioso que Analía haya visto algo especial en este tema. Por esta razón me acople a su idea y lo hago propio porque coincide con lo que yo quiero transmitir desde mi posición de actor.
-¿Y respecto a lo que el argentino promedio ve de su comunidad?
-Eva: No me gusta la imagen actual de los chinos en Argentina, de gente sin educación. La situación está cambiando, están viniendo muchos estudiantes y empresarios. La cultura se está mezclando mucho acá, como por ejemplo el Feng Shui. A mí me gustan esos intercambios. Me gustaría estar en otra película que también muestre la nueva imagen de China y que conozcan más sobre nosotros.

sábado, 1 de diciembre de 2012


                                                 La dulce espera

He escuchado que momentos antes de morir, la gente ve pasar toda su vida en un instante. Ese no es mi caso ya que, a pesar de mis tempranos y juveniles 21 años, no me queda mucho tiempo en este mundo y el proceso de mi muerte ha sido cruel, duradero y, lo peor de todo, desconocido por mi hasta hace unos minutos.
Voy a proceder a contarles la historia de mi vida (si es que lo vivido hasta ahora es digno de llamarse vida).
No tengo un nombre concreto pero a la vez he sido llamado de muchas formas (bestia, estúpido, inútil y otros adjetivos de misma procedencia). Considerando que nunca tuve la posibilidad de ir a la escuela, y sólo accedí a la educación gracias a las enseñanzas de mi madre, no guardo rencor sobre mis detractores.
Nací en un pequeño pueblo (en el cual vivo actualmente). Mi estado de salud siempre ha sido precario, debido a diferentes dolencias. Vivo con mi madre y su esposo en una pequeña y sombría casa. Tiene 1 habitación, 1 baño, 1 cocina y un altillo, lugar donde se encuentra mi cama y todas mis pertenencias. Casi todos los días las ventanas se encuentran cerradas, al igual que la puerta, por lo que en muy pocas ocasiones he podido conocer el exterior de mi casa. Todo el conocimiento que poseo sobre el mundo exterior, lo he adquirido en diversos libros y gracias a mi imaginación.
Mi madre se llama Clara, es una hermosa mujer, morena, alta, de fina figura y nariz aguileña, pero la belleza no vino sola. Se pasa el día y la noche gritando y arrojando cosas, sobre  todo a mí, por nimiedades debido a su fuerte temperamento.
Clara rara vez sonríe, sus labios son muy finos, su boca es ancha y sus dientes brillan como perlas. Recuerdo haberla visto sonreír en contadas ocasiones y el resultado siempre ha sido el mismo, un escalofrío recorre mi cuerpo y quedo paralizado observando su rostro con detenimiento. El rostro de mi madre se transforma completamente, y en conjunto con su sonrisa me recuerda a diversos seres demoníacos que he observado en mis libros.
 El esposo de mi madre se llama Guillermo, es un hombre bajo y regordete, al borde de la calvicie. Es una persona bondadosa, y si bien su carácter es firme, mucho no puede hacer para evitar que mi madre me maltrate. Guillermo, a diferencia de Clara, tiene para conmigo el mejor de los tratos, siempre atendiendo mis necesidades, que son muchas debido a mi frágil estado y mis constantes recaídas.
Como les he contado anteriormente, nunca fui a un colegio debido a la insistencia de mi madre en enseñarme en casa y a mi salud. Muchos médicos han venido a verme por este motivo y ninguno ha sabido decirme cual es el mal que me aqueja. Si pudiesen ver mi cara en el momento en que los diferentes doctores se marchan, llorarían al igual que yo.
En los momentos más dolorosos de mi vida, siempre he buscado consuelo en la mirada de Clara, sin embargo no he encontrado en su rostro la aflicción esperada, sino que incluso, al cruzar miradas, hubo momentos en los que me imaginé (o no) ver un esbozo de su sonrisa diabólica, lo que acentuaba aun más mi dolor.
Recuerdo cuando yo tenía 7 años, mi madre me había dicho: - Hijo, ponte tu mejor atuendo, hoy a la tarde te pasará a buscar tu padre y te llevará a pasear. Yo, casi llorando de la alegría corría a calzarme mis mejores zapatos (unos gastados leñadores), mi saco emparchado, acomodaba un banquillo frente a la puerta de entrada y esperaba. Las horas pasaban, mi padre no llegaba y, como de costumbre, corría hacia los brazos de Clara y Guillermo, este último con lágrimas en los ojos y mi madre con una expresión en su rostro que en su momento no comprendí.
Por suerte no todo en mi vida ha sido malo, el tiempo que he pasado en mi casa leyendo diversos libros y la relación con mi padrastro me ha mantenido a flote y ha alejado muchos de los pensamientos negativos que siempre me han acometido. Siempre supe que mi padrastro poseía todas las respuestas a las preguntas que mi madre nunca me dio. En varias ocasiones, presentí que él trataba de decirme algo pero nunca se animó.
Ahora, momentos antes de mi paso a la inmortalidad se acercó a mí y me confesó el porqué de mi agonía.
Me contó la historia de mi padre, un borracho y abusivo que una noche, luego de haber compartido unas cuantas cervezas con sus amigos, violó a mi madre y se marchó. Yo fui el fruto de aquel vil acto y en los meses posteriores (en la denominada “dulce espera”) mi madre se recluyó en su casa, alejando a todos sus amigos y familiares para ocultar la deshonra que mi padre le había producido.
Guillermo me confesó que conoció a mi madre en el mercado y que se enamoró a primera vista. Luego de varios meses cortejándola, ella lo aceptó en su casa, aunque nunca en su corazón, que no tenía lugar para otra cosa que odio y rencor.
En medio de la confesión de mi padrastro, Clara entró en la habitación y le lanzó una mirada fulminante a Guillermo que, llorando y besándome en la frente, se retiró de la habitación. Mi madre posó su mirada en mi rostro, se sentó a mi lado, confirmó la historia que hace unos instantes me había relatado Guillermo y agregó algo que me heló la sangre y un dolor desgarrador surcó mi pecho. Ella, mi propia madre, me confesó que nunca me había querido y que desde hace aproximadamente 6 años (la edad en la que según empezaron a aflorar los rasgos mi padre) había sazonado mi comida todos los días con minúsculas cantidades de vidrio molido que lentamente destruyeron mi interior y que, luego de 21 años, su venganza había concluido.
El aire se espesa, los ojos luchan por cerrarse, pero alcanzo a divisar una imagen, es la sonrisa de mi madre, mas grande y mas brillante que nunca. Con esa imagen me despido. Finalmente, su dulce espera, había terminado.

lunes, 15 de octubre de 2012



                                     El baile de la muerte

“Los Toros” es la muestra en blanco y negro del fotógrafo Michael Crouser sobre el mundo que encierran las corridas de toros. La muestra comenzó el 7 de agosto y finalizó el pasado 30 de septiembre. Durante casi 3 meses fue elogiada por cientos de porteños y turistas en el Complejo Teatral San Martín, por su mezcla entre la crudeza y la humanidad de de la tauromaquia.
            Al entrar a la Fotogalería ubicada en la Planta baja del Complejo teatral, una luz tenue fijada sobre las fotografías recibe al visitante. El silenció reinante es similar al silencio de un sepelio o cementerio: el sepelio de las bestias que, día a día durante tres meses, reviven y protagonizan su muerte.
A lo largo de la galería hay treinta y ocho fotos tomadas en la década del 90, en países tales como México, Ecuador y España, todos mundialmente conocidos por la práctica de este cruel deporte. 
Las imágenes más destacadas enaltecen la pasión de toreros famosos como Guillermo Albán y Cristina Sanchez que majestuosamente combaten contra la bravura de los toros. Juntos, hombre y bestia, entablan una lucha, un baile, que finalizará una vez que alguno caiga en la arena del estadio. 

            

                                    Musicalizando la jungla

Por el cruce de la calle Florida y Diagonal Norte pasan apuradamente cientos de personas por minuto: oficinistas, cadetes, turistas y compradores y vendedores de diferentes tipos. A pesar de la rapidez con la que se desplazan, no logran esquivar la melodía pegadiza que los choca de frente.
            La banda callejera de reggae llamada Jamaicaderos, compuesta por diez integrantes entre amigos y familiares, se sitúa periódicamente en este concurrido cruce para tocar sus instrumentos con soltura, alegría y animosidad.
            El grupo está integrado por dos saxofonistas, dos guitarristas, un bajista, un baterista, un trombón, un trompetista, un tecladista y un percusionista y tocan música instrumental.
            Alejandro Cabrera, bajista de la banda, explica que generalmente tocan música instrumental salvo que se acerque algún cantante amigo o incluso alguien del público que sepa cantar.
            Jamaicaderos se creó hace seis años con músicos de diferentes estilos para presentarse en los bares de San Telmo que organizaban fiestas Jams de reggae. Tras ganar cierto reconocimiento en el circuito, comenzaron a tocar de cuatro a cinco veces por semana en los diferentes bares.
            Ezequiel Ledesma, percusionista, cuenta el porqué del alejamiento de la banda del circuito de bares de San Telmo: “Lamentablemente en Argentina, la música no se considera un oficio, un trabajo pago. Los bares tenían la intención de darnos algo de dinero pero no llegaba a cubrir las necesidades básicas para subsistir y pagar los gastos”.
            Este golpe de realidad se transformó en un punto de inflexión. Decidieron dejar de tocar en los bares y trataron de conseguir un manager. Al no conseguir un representante dispuesto a trabajar en forma de cooperativa, es decir que todos colaboran con todos los gastos y cobran por partes iguales, decidieron lanzarse a tocar en la calle.
            Hoy en día son una de las bandas que están más al día con el sistema legal de la calle, sin embargo en sus inicios sufrieron muchas maldades por parte de las autoridades y los comerciantes de la zona.
            Cabrera explica: “Al principio la policía, que está arreglada con los comerciantes, nos mintió una y mil veces para que nos vayamos. Recibimos amenazas y agresiones. Finalmente hablamos con varios abogados y nos instruimos para obtener herramientas con que defendernos”
            A pesar de que no viven exclusivamente de la música, el dinero que la gente deja voluntariamente al pasar, y la venta de sus CD’s grabados en estudio, contribuye a la subsistencia diaria de cada uno. Aunque no lo hacen sólo por lo económico, sino que valoran la respuesta genuina y sin respuesta a un movimiento comercial, de la gente ante su música llena de vida y movimiento.

domingo, 14 de octubre de 2012


                    El arte colonial en su esplendor...

En el año 1922, en la calle Suipacha 1422, fue erigido en la Ciudad de Buenos Aires un palacio de estilo neocolonial cuyo nombre fue Palacio Noel, en referencia a su creador y arquitecto, Martín Noel. En 1936 Noel construyó dentro de su palacio el Museo Colonial y, por un decreto municipal de 1943 sobre especificación de los museos, en 1947 unificó el Museo Colonial con la colección del Museo Fernández Blanco, lo que le valió su nombre actual: Museo Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco. En 1963 el patrimonio del museo fue aumentado gracias a la donación de 750 piezas por parte de Celina González Garaño.
La colección del museo incluye platería, imaginería y mobiliario iberoamericano de los siglos XVI a XIX, documentos, libros, ornamentos religiosos, grabados, cerámica, indumentaria civil y accesorios femeninos.
Todas sus ventanas exteriores están cubiertas por rejas, lo que refuerza el rumor de que hace mucho tiempo, el palacio funcionó como compañía importadora de esclavos.
            Al traspasar el amplio portón de entrada, se ingresa a una galería que divide el edificio en dos cuerpos de inspiración barroca con frentes a la manera de retablo: a la izquierda está el museo y a la derecha la ex residencia y estudio de Noel. En el medio de ambos cuerpos, se asoma un deteriorado jardín de estilo andaluz. En el centro del jardín, rodeada de flores de colores y plantas, hay una fuente en desuso y en mal estado, mientras que sobre las paredes descascaradas y cubiertas de secas enredaderas, se observan imágenes religiosas pintadas sobre azulejos.
            Una leyenda urbana cuenta que en los jardines del Museo hispanoamericano Fernández Blanco, deambula el fantasma de una joven de 17 años que murió de tuberculosis en la década del 20. El presidente norteamericano Herbert Hoover, en su visita a la Argentina en 1928, y a los poetas Oliverio Girondo y Manuel Mujica Láinez, en la década del 40, afirman haber visto una figura blanca merodeando los jardines.
            Cada cuerpo tiene tres pisos o niveles y poseen balcones de estilo miradores, denotando también una clara influencia de la cultura peruana en la construcción del edificio.
Una serie de escaleras de piedra beige guían al visitante a la puerta de ingreso a del museo. Los pisos son de mármol blanco y negro, y en los techos se observan arcos sostenidos por columnas.
Un salón circular, que solía ser el comedor, llama la atención por la gran rosa de los vientos tallada en su piso de madera, crujiente por el paso del tiempo. A pocos metros del salón circular, se encuentra la lujosa ex - biblioteca, revestida por una alfombra rojo punzó y ostentando cuadros y reliquias del arte cusqueño.
El piso superior es el más escalofriante de todos debido a la gran cantidad de imágenes, cuadros y estatuillas de diferentes santos y deidades que parecen observar y vigilar los pasos del visitante desde cada ángulo.

martes, 14 de agosto de 2012


La cueva de los sueños olvidados
Un viaje al pasado y al presente
Werner Herzog lleva al espectador a un lugar donde nunca antes se pudo filmar un documental: a la histórica Cueva de Chauvet

En el río Ardeche, al sur de Francia, se encuentra un  puente natural llamado Pont D’arc. En el año 1994, a menos de cuatrocientos metros del puente,  tres exploradores iniciaron una odisea en búsqueda de corrientes de aire que les indicaría la presencia de cuevas.
Finalmente encontraron un flujo de aire y, luego de quitar varias rocas, un fino hueco en el cual apenas cabía una persona. Lo que los exploradores no sabían es que esa cueva era la famosa cueva de Chauvet, llamada así debido al nombre del explorador guía que la encontró, Jean Marie-Chauvet.
Algunos años después, el reconocido director de cine y documentales, Werner Herzog, obtuvo por parte de la Secretaría de Cultura francesa un permiso especial nunca antes otorgado para filmar dentro de la cueva de Chauvet. Así surgió el documental “La cueva de los sueños olvidados”.
En el documental, Herzog se adentra en la cueva de Chauvet, que actualmente es uno de los más grandes hallazgos de la historia de la humanidad debido a que contiene pinturas rupestres de aproximadamente 32.000 años, es decir, las más antiguas pinturas rupestres hasta hoy conocidas.
Debido a la importancia de la cueva y el frágil clima que se formó a través de los años en su interior, sólo se permite que por unas pocas semanas al año un grupo de científicos especializados pueda ingresar para realizar estudios.
El resto del año la cueva permanece herméticamente cerrada por una puerta de acero maciza y constantemente custodiada por dos guardias.
Jean Clottes fue jefe del equipo científico encargado de investigar la cueva por cinco años hasta su retiro. En la filmación Clottes  se encarga de dirigir la expedición, de comunicar las medidas de seguridad y de otorgar el equipamiento adecuado para recorrer la caverna. El orgullo que siente por todo lo referido a la cueva se observa claramente en sus gestos y en su voz.
Para filmar el documental, Herzog debió utilizar cámaras no profesionales,  lo que le da al espectador la oportunidad de ubicarse en el lugar del director, como un turista que lleva su cámara digital a todos lados con el fin de filmar y fotografiar todo lo que le resulte asombroso, desconocido.
Las cámaras comienzan a recorrer el lugar y en el suelo se ven huesos de diferentes animales prehistóricos como los osos de las cavernas, los rinocerontes lanudos y los mamuts.
Finalmente el director alemán muestra las primeras pinturas. Un oso dibujado y una serie de manchas rojas se vislumbran en la pared alumbradas por una tenue luz fría. Su autenticidad está comprobada ya que cubriendo las pinturas se encuentra un mineral llamado Calcita que tarda miles de años en formarse. Este mineral a su vez ayudó a que las pinturas mantengan su frescura, lo que las hace más sorprendentes aún.
En cierto momento, Clottes pide que todo el equipo que se encuentra en la cueva se quede callado e inmóvil por un momento, para poder apreciar el silencio que encierra la cueva y escuchar sólo el latido de sus corazones.
El espectador se siente parte de la expedición, hace silencio y observa, se maravilla contemplando la belleza natural que comprende a las pinturas, los cristales, la cueva en todo su esplendor, a pesar de la baja iluminación. Incluso llega a pensar que los latidos que emanan de la pantalla son sus propios latidos.
Hay un panel que sobresale por sobre los demás. En él se distinguen muchos caballos que parecen alejarse al galope, relinchando. Este panel fue denominado Panel de los Caballos, y se presume que fue pintado por un solo individuo, dado el trazo utilizado y la fecha de su realización.
A medida que Herzog se adentra en la cueva, muestra varios hallazgos famosos para la historia humana. En la cueva se encuentra la huella de oso más antigua de la historia y el panel de la pantera, que es la única pintura paleolítica en pared conocida hasta hoy.
El documental sigue su rumbo y los animales de las paredes comienzan a cobrar vida. El espectador puede observar a los caballos relinchar, a los rinocerontes embestirse, a un bisonte en retirada, e incluso a una leona que muestra sus dientes a un león para alejarlo.
La evolución de las imágenes a través del documental es sorprendente gracias a los planos duraderos sobre los dibujos. De esta manera Herzog permite absorber las pinturas, su significado, su espiritualidad y contemplar algo que muy pocos pudieron contemplar… Un fragmento atemporal de historia.

Por Rodrigo Garay Trujillo...

martes, 3 de julio de 2012



                                    Un poco de mí...

En las cercanías de la cancha del Club Atlético All Boys se encuentra otra cancha de fútbol pero de alquiler. Cada una nos muestra una realidad muy diferente, en una, viernes, sábado o domingo por medio se disputan partidos profesionales, y en la otra simplemente se junta un grupo de amigos o no tan amigos a jugar un partido de fútbol donde, si bien no juegan profesionales, cada uno se siente igual de importante.
Al llegar al estadio amateur observé a un chico llamado Rodrigo Garay Trujillo de 22 años. No es alto ni bajo, no es gordo ni flaco, no es rico ni pobre, solamente es un chico que se divierte jugando al fútbol. Como la gran mayoría de los hombres amantes del deporte más popular del mundo, su sueño de pequeño fue convertirse en un gran jugador y, al igual que un gran porcentaje de esa mayoría, con el tiempo se dio cuenta que ese sueño no se iba a cumplir.
Si bien en su vida cotidiana es un chico tranquilo, deberían observar sus gestos, la forma de correr, de enojarse, de gritar un gol, de patear la pelota, la pasión con la que se desenvuelve en el campo de juego. Al finalizar el encuentro, toda esa pasión se borra y vuelve a ser un chico normal, un chico que estudia y trabaja como el resto, pero en esos sesenta minutos, él, se siente como un profesional.

Por Rodrigo Garay Trujillo...